GLAMOURAMA DE CARMEN CASANOVA

Contemplando el arte visual de Carmen Casanova para la exposición sobre su obra en el MUBAM, no he podido dejar de pensar vivamente en una teoría, de de “los marcos referenciales” de Lakoff, que adquiere un significado inesperadi eb kis cyadris de esta pintora. En concreto viendo la serie que toma como referencia ( o mejor, como marco), la figura de las “meninas” velazqueñas del siglo XVII, para vaciarlas y volver a llenarlas con coloristas mensajes publicitarios contemporáneos hasta que la inflada y anacrónica menina se espirita, metamorfoseándose finalmente en una especie de Audrey Hepburn en traje de noche Balenciaga. Estos cuadros nos producen una impresión contradictoria. Según la mencionada teoría cognitiva de Lakoff, cuando los datos que nos vienen del exterior contradicen algún “marco”ya establecido con nuestra cabeza, nos sentimos desconcertados y negamos la realidad de los datos. En los cuadros de Casanova, las meninas o “fe-meninas”, aún reducidas a la mera silueta, son el marco, y por mucho que dentro se lea, por ejemplo, ” Capitalismo”, con el tipo de letra de la “Coca-Cola” o se reproduzca la consabida etiqueta de una lata de tomate “Campbells” o los colores remitan a un concepto de mujer brillante y despreocupado, uno sigue viendo ese severo y opresivo marco, un símbolo de una época oscura para la mujer. Tal vez la misma opresión, aunque por otros medios, a la que hoy está sometida la mujer gracias a los imperativos del poder de la imagen.

Se ha hablado de que el arte de Casanova con sus “meninas” es irónico. La “niña-mujer” del rígido barroco español es apenas una silueta entro de la cual se estampan logos y eslóganes propios de la mujer sofisticada y presuntamente liberada de hoy, pero en realidad sometida por igual, ya no a los corsés y miriñaques un tanto sombrones propios del “ancien regime”, sino al poder publicitario y a la dictadura de las modas. Siendo esto  cierto, creo que simplifica en exceso la pintura de Casanova, de una riqueza referencial mucho menos obvia. Una visión detenida del concepto “FE-MENINA” en el que Carmen Casanova engloba su obra y de este proyecto “Glamourama” en el MUBAM nos revela que en su pintura hay algo más que una ironía que se vale de una aparente apología: en esos cuadros hay una vistosa celebración y a la vez una inquietante refutación de la idea de progreso. El concepto de mujer, de la “menina” acá, se adelgaza, se sofistica, se colorea y se futuriza, sí, pero esa mujer, después de cuatro siglos de constantes avances sociales, en el fondo, bajo esta sociedad férrea, sólo ha cambiado de convencionalismos.

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